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Colesterol y riesgo cardiovascular

Lipoproteína(a): el factor de riesgo cardiovascular que muchas personas nunca se han medido

La Lp(a) depende principalmente de la genética y puede revelar un componente de riesgo que no aparece en el perfil lipídico habitual.

Evaluación médica de lipoproteína(a) y riesgo cardiovascular

Puedes tener el colesterol aparentemente controlado y, aun así, existir un riesgo cardiovascular que no aparece en el perfil lipídico habitual

Hay una pregunta que cada vez hago con mayor frecuencia cuando evalúo el riesgo cardiovascular de un paciente:

¿Alguna vez te han medido la lipoproteína(a)?

La mayoría me responde que no.

Y no es extraño. Durante muchos años hemos hablado principalmente del colesterol total, LDL —el conocido como “colesterol malo”—, HDL y triglicéridos.

Todos siguen siendo importantes.

Pero hoy sabemos que existe otro marcador que puede aportar información adicional sobre el riesgo cardiovascular y que tiene una característica muy particular:

depende fundamentalmente de nuestra genética.

Se llama lipoproteína(a), o simplemente Lp(a).

¿Qué es la lipoproteína(a)?

Voy a explicarlo de una manera sencilla.

La Lp(a) es una partícula que circula por nuestra sangre transportando colesterol. Se parece a una partícula LDL, pero lleva adherida una proteína adicional llamada apolipoproteína(a).

Esa diferencia aparentemente pequeña es importante.

Cuando la Lp(a) se encuentra elevada, se asocia con mayor riesgo de desarrollar enfermedad aterosclerótica cardiovascular, incluyendo infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.

Por eso actualmente la consideramos un factor de riesgo cardiovascular independiente.

“Doctor, pero mi colesterol siempre ha estado bien”

Esta es precisamente una de las razones por las que me interesa hablar de Lp(a).

Una persona puede realizarse durante años el perfil lipídico convencional:

  • Colesterol total
  • LDL
  • HDL
  • Triglicéridos

y nunca haber medido su Lp(a).

La lipoproteína(a) no suele formar parte del perfil de colesterol convencional.

Hay que solicitarla específicamente.

Esto puede ayudarnos a comprender algunos casos en los que existe enfermedad cardiovascular prematura o una historia familiar importante que aparentemente no queda completamente explicada por los factores de riesgo tradicionales.

La genética tiene mucho que decir

A diferencia del LDL, que puede cambiar considerablemente con alimentación, peso, actividad física y medicamentos, la concentración de Lp(a) está determinada principalmente por nuestra herencia genética.

Por eso suelo explicárselo al paciente así:

“No es algo que hayas hecho mal. Es una característica que, en gran medida, heredaste.”

Precisamente por su fuerte componente genético, cuando encontramos una Lp(a) significativamente elevada puede ser razonable valorar también a familiares de primer grado, especialmente cuando existe historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura.

Entonces, ¿quién debería medirse la Lp(a)?

Aquí ha ocurrido un cambio importante.

Durante años se solicitaba principalmente en personas seleccionadas: pacientes con enfermedad cardiovascular prematura, antecedentes familiares importantes o situaciones en las que sospechábamos un riesgo adicional.

Actualmente la recomendación es mucho más amplia.

Las guías ACC/AHA de 2026 recomiendan medir la Lp(a) al menos una vez en la vida adulta.

¿La razón?

Como sus niveles están determinados principalmente por la genética y suelen permanecer relativamente estables, una medición puede identificar un factor de riesgo que probablemente ha acompañado a esa persona durante buena parte de su vida.

Hay situaciones en las que considero especialmente importante conocerla:

  • Antecedentes familiares de infarto o enfermedad cardiovascular a edades tempranas
  • Enfermedad coronaria prematura
  • Accidente cerebrovascular de origen aterosclerótico
  • Hipercolesterolemia familiar
  • Enfermedad cardiovascular que parece desproporcionada respecto a los factores de riesgo tradicionales
  • Familiares conocidos con Lp(a) elevada

Pero actualmente el mensaje es todavía más sencillo:

si eres adulto y nunca te la has medido, vale la pena conversar sobre ello con tu médico.

¿Qué significa tener la Lp(a) elevada?

Aquí es importante evitar dos extremos.

No debemos ignorarla, pero tampoco debemos asustarnos por un resultado aislado.

Las recomendaciones actuales consideran que una Lp(a) de aproximadamente 50 mg/dL o 125 nmol/L o más constituye un factor que aumenta el riesgo cardiovascular.

Y el riesgo aumenta progresivamente cuanto mayor sea la concentración.

Esto significa que no existe simplemente una división entre “normal” y “enfermo”.

Por ejemplo, las guías estadounidenses de 2026 estiman aproximadamente:

≥125 nmol/L (50 mg/dL) → alrededor de 1,4 veces mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

≥250 nmol/L (100 mg/dL) → aproximadamente 2 veces mayor riesgo.

Pero quiero insistir en algo:

una Lp(a) elevada no significa que necesariamente vas a sufrir un infarto.

Significa que hemos identificado una pieza adicional dentro de tu riesgo cardiovascular global.

Y conocer esa pieza nos permite actuar sobre las demás.

“¿Y cómo bajo mi lipoproteína(a)?”

Esta suele ser la siguiente pregunta.

La alimentación saludable, el ejercicio, mantener un peso adecuado y no fumar son fundamentales para disminuir el riesgo cardiovascular general.

Sin embargo, estos cambios tienen poco efecto sobre la concentración de Lp(a) porque su nivel está determinado principalmente por la genética.

Entonces alguien podría preguntarme:

“¿Para qué quiero saberla si no puedo bajarla haciendo dieta?”

Porque conocer el riesgo cambia la manera en que podemos manejar todo lo demás.

Si encuentro una Lp(a) elevada, prestaré todavía más atención a:

  • LDL colesterol
  • presión arterial
  • diabetes
  • tabaquismo
  • peso
  • actividad física
  • alimentación
  • antecedentes familiares y riesgo cardiovascular global

En determinados pacientes, conocer una Lp(a) elevada puede justificar una estrategia más intensiva para disminuir el LDL y controlar los demás factores modificables.

En otras palabras:

quizá todavía no podamos cambiar los genes que determinan tu Lp(a), pero sí podemos modificar gran parte del entorno cardiovascular sobre el que esos genes actúan.

¿Existe tratamiento específico?

Este es un campo de enorme interés científico.

Actualmente existen medicamentos utilizados para reducir el riesgo cardiovascular que pueden producir también cierta reducción de Lp(a), pero no disponemos todavía de un medicamento aprobado específicamente con el único objetivo de reducir la Lp(a).

Se están desarrollando terapias dirigidas específicamente contra su producción y tendremos que esperar los resultados de los estudios clínicos para conocer cuánto se traduce esa reducción en disminución de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros eventos cardiovasculares.

Por eso, hoy el manejo de una persona con Lp(a) elevada se centra especialmente en conocer su riesgo global y controlar de manera rigurosa los factores que sí podemos modificar.

¿Hay que medirla todos los años?

En la mayoría de las personas, no.

Esta es otra diferencia respecto al colesterol LDL.

Como la Lp(a) está determinada fundamentalmente por la genética y suele mantenerse relativamente estable, para evaluar el riesgo puede ser suficiente medirla al menos una vez durante la vida adulta.

Existen determinadas situaciones clínicas en las que el médico puede considerar repetirla.

Un análisis sencillo que puede revelar información importante

Medir la lipoproteína(a) requiere simplemente un análisis de sangre.

No puede saberse si está elevada por cómo te sientes.

No produce síntomas.

Y una persona puede llevar una vida saludable y aun así tener valores elevados porque, nuevamente, hablamos principalmente de genética.

Por eso me parece uno de esos datos que vale la pena conocer.

Mi recomendación como cardiólogo

Cuando evalúo a una persona, intento no mirar únicamente si su colesterol está “dentro del rango”.

Me interesa entender su riesgo cardiovascular completo.

Edad, presión arterial, colesterol, diabetes, tabaquismo, antecedentes familiares, peso, actividad física y otros marcadores pueden ayudarnos a construir ese panorama.

La lipoproteína(a) es una pieza más de ese rompecabezas y durante demasiado tiempo ha sido una pieza que muchas personas nunca llegaron a medir.

No podemos elegir los genes que heredamos.

Pero conocerlos indirectamente a través de marcadores como la Lp(a) puede ayudarnos a tomar mejores decisiones sobre aquello que sí podemos cambiar.

Si nunca te has medido la lipoproteína(a), puedes preguntarle a tu médico si es momento de hacerlo.

Información importante: este contenido tiene fines educativos y no sustituye una valoración médica individual.

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